Cómo evitar el sentimiento de culpa

A menudo me encuentro, durante las sesiones de coaching, con personas que lo pasan realmente mal por cosas que no han sucedido o por pensamientos que les castigan por algo que han hecho o dicho.

Cualquier situación en la hablamos o actuamos, puede estar ubicada en nuestros pensamientos en el pasado, el presente o el futuro.

Cuando nos anticipamos, previendo de forma negativa un futuro de algo que no ha ocurrido, se llama preocupación. Estamos pre-ocupándonos de algo que no sabemos cómo va a ser, ni siquiera si se va a dar. A menudo lo hacemos como una forma de obtener seguridad ante la incertidumbre, pero ¿realmente la obtenemos? No. Lo que conseguimos es sufrir sin sentido. Por ejemplo, puedo pensar que ese dolor de rodilla que tengo me va a impedir andar, me pre-ocupo por ello. Ese pensamiento puede arrastrar muchos más y dibujarme un futuro de lo más negro, un futuro inventando, con altas probabilidades de que sea incierto.

Ahora, bien, si me duele la rodilla y creo que eso podría traerme una consecuencia negativa para mi salud, lo que puedo hacer es ocuparme. ¿Es cierto mi dolor en el momento presente? Sí. Entonces, ¿qué puedo hacer? Ir al médico. Con eso me ocupo, y él ya me dirá lo que tengo que hacer.

Puede que decida no ocuparme, y me quede sin hacer nada, pero siga rumiando mi preocupación y llegue un día en que mi rodilla no dé para más, me tengan que llevar de urgencia al hospital y me queden secuelas, por ejemplo, de cojera. Entonces vivo el resto de mi existencia con la culpa de no haber ido al médico en su momento. ¿Para qué me va a servir esa culpa? Para sufrir.

He puesto este ejemplo de la rodilla, pero podéis aplicarlo a cualquier situación en la que os veáis inmersos, también cuando se trata de relaciones humanas. Ante cualquier situación, puedes hacer lo siguiente:

  1. Piensa lo que quieres hacer, en el momento en el que se dé la situación y toma una decisión. Ten claros los beneficios que tiene esa decisión para ti y para qué quieres hacerlo así.

  1. Asume que esa decisión podría tener consecuencias y acéptalas. En el caso de que no fueran las previstas, piensa qué has aprendido de la experiencia y aplica el aprendizaje para la próxima vez.

Con esto no quiero decir que no pensemos en el futuro, que no planifiquemos, o que no sopesemos los pros y los contras de lo que hacemos o decimos. Pero si quieres vivir en paz y con equilibrio emocional, toma conciencia de los pensamientos que te hacen sufrir anticipándote a un futuro que no ha ocurrido, sufriendo por ello, o rumiando algo que ya es pasado y no se puede cambiar.

 

 

 

Reflexiones para los pasos difíciles

Todos tenemos que tomar decisiones difíciles en diferentes momentos de nuestras vidas y dar pasos ante los que los miedos pueden paralizarnos: separarnos, cambiar de trabajo, cambiar de ciudad, romper una amistad… Por un lado, parece que tenemos claro lo que queremos hacer, pero por otro lado, nos frenan los miedos a perder algo, a las reacciones de otras personas, a la incertidumbre de lo que ocurrirá… En definitiva, queremos conseguir algo, pero no queremos sufrir. Queremos que nos salga “gratis”.

No todas las personas tomamos las decisiones de la misma forma: Hay quien se decide rápidamente, sin importarle lanzarse a la aventura; hay quien prefiere pensarse pros y contras detenidamente y tarda un tiempo en decidirse y hay quien le da vueltas y vueltas al asunto y no se decide nunca. Si es tu caso, aquí te dejo algunas reflexiones:

  1. Siempre hay alguien que decide. Si no eres tú, alguien decidirá por ti. Puede que si comentas en voz alta la decisión que quieres tomar, haya alguien a tu lado que no quiere que la tomes (probablemente saldrá perdiendo por algo) y hará y dirá lo necesario para que te quedes como está. Si eso ocurre, es esa persona la que está decidiendo por ti.                                                                                                                                                                                                                             
  2. Los logros no suelen ser gratuitos, casi todo tiene un precio. Deja de lamentarte y de compararte con otras personas a las que consideras más afortunadas que tú. Si han conseguido algo, será porque han estado dispuestas a pagar el coste en tiempo, dinero, esfuerzo, recursos o lágrimas que eso supone.
  1. Imagina las dos posibilidades y piensa: ¿Cómo estaré dentro de cinco días si tomo la decisión de hacer algo? ¿Y si tomo la decisión de no hacerlo? ¿Y cómo estaré dentro de cinco semanas? ¿Y dentro de cinco meses?
  1. ¿Qué te ilusiona de lo que llegará cuando tomes la decisión de hacerlo? Piensa en lo que ganarás, en lo que verás, sentirás y escucharás cuando lo consigas. Mejor dejarse llevar por la ilusión que por los miedos.
  1. Acepta de antemano que el error es una posibilidad. Y piensa que si estás en esa tesitura es porque muy feliz no estás en la situación actual. Si permaneces donde estás, ya sabes lo que te espera. Si vas a otro lugar, puede que no sea exactamente lo que esperabas, pero nadie te impide seguir intentándolo hasta que encuentres tu sitio!

Es imposible saber lo que va a ocurrir cuando hagas algo sin hacerlo. Cuando lo hagas lo sabrás. Si encuentras lo que querías, enhorabuena, lo has conseguido. Si algo no sale como esperabas, sigue adelante. Si todavía no sabes cómo llegar a lo que quieres, echa a andar, seguro que encuentras la forma en el trayecto.

 

Cómo convertir propósitos en objetivos

En esta época del año, la mayoría de las personas pensamos en los propósitos para el año nuevo. Pero al finalizar el año, en algunas ocasiones esos propósitos se han hecho realidad y en muchas otras no. ¿Qué ha pasado? Sencillamente, que para un propósito se cumpla, tenemos que convertirlo en objetivo.

Pero, ¿cuál es la diferencia? La vais a ver clara en esta pequeña tabla:

PROPÓSITO

OBJETIVO

Es una intención poco precisa Identifica un fin, una meta
No implica acción Implica acción: pasos hacia esa meta
Es el deseo de conseguir algo Es la orientación al logro de algo
Inacción por estar soñando o analizando Movilización de los recursos posibles
Desear alcanzar una meta Alcanzar una meta
Deseo, sueño, “ojalá” Tomar las riendas, hacer para que suceda

Si quieres que se cumplan tus propósitos de año nuevo, empieza por convertirlos en objetivos. Puedes utilizar esta misma tabla contestando a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué tiene que ocurrir, diferente a lo que ha ocurrido hasta ahora, para que consigas tu objetivo?
  • ¿Cuándo quieres tenerlo conseguido?
  • ¿Qué has hecho hasta ahora para conseguirlo?
  • ¿Qué estás dispuesto a hacer para lograrlo?
  • ¿En qué medida depende de ti? Es importante que el objetivo esté bajo tu control.
  • ¿Qué recursos necesitas para alcanzar ese objetivo?
  • ¿Cuáles de ellos tienes ya?
  • ¿Dónde puedes encontrar los que no tienes todavía?
  • ¿Cuál va a ser tu primer paso?

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Si empiezas contestando a estas preguntas, es muy probable que algo se mueva dentro de ti y empieces a dar tus primeros pasos para alcanzar tu meta. Puede ocurrir que de repente te asalten dudas o haya algo que creas que no vas a poder conseguir, que algo te lo impide o supone un freno para ti. Se llaman creencias limitantes. Para alcanzar nuestras metas no basta con especificarlas y empezar a caminar hacia ellas: tenemos que estar firmemente convencidos de que las podemos conseguir. Cuando no es así, es el momento de pedir ayuda a un profesional. Un coach bien preparado y certificado, con la experiencia y credenciales adecuadas, tiene muchas herramientas para poder acompañarte en la consecución de tus metas. Si quieres saber más, puedes entrar aquí: www.escuelacomunicando.com/coaching/

Alguien dijo que no podía hacerse

Alguien dijo que no podía hacerse, pero él respondió, con una sonrisa, que tal vez fuera verdad, pero al menos quería intentarlo.

Alguien se burló: “Bah, nunca lo conseguirás, nadie ha sido capaz de hacerlo”. Pero él se quitó el abrigo y el sombrero y se puso manos a la obra.

Son muchos los que te dicen: “No puede hacerse”. Muchos los que te auguran el fracaso. Muchos los que señalan, uno a uno, los peligros que te acechan.

Toma aire, sonríe, quítate el abrigo e intenta hacerlo, tan solo céntrate en hacer lo que no puede hacerse, y lo harás.