Claves para deshacerte del resentimiento

Hay personas que viven atrapadas en el odio, el resentimiento y el deseo de venganza. Incluso fantasean con hacer daño a quienes les han causado dolor, pensando que así lo aliviarán. Nada más lejos de la realidad.

El dolor puede que te lo haya causado otra persona, sí, pero el resentimiento y el sufrimiento posterior lo alimentas tú. Y prolongar ese dolor en el tiempo, llevarlo contigo y permitir que estropee tu vida es decisión tuya.

Hay una frase que me encanta, cuya autoría no he podido constatar, puesto que se la atribuyen a diferentes personas: “El resentimiento es como tomar veneno y esperar a que muera la otra persona”

Aquí te dejo algunas claves importantes para deshacerte de esos pensamientos obsesivos que a la única persona que dañan es a ti.

  1. Deja de asociar a esa persona con tu sufrimiento. Nos dice Buda Gautama que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.
  2. Haz una lista de los beneficios que te proporciona pensar así. ¿Son pocos o ninguno? Pues está claro, toca cambiar de estrategia.
  3. Piensa cómo te quieres sentir. Busca las emociones positivas que quieres sentir. Seguramente nada tendrán que ver con recordar personas o situaciones o con odiarlas. Una vez que identifiques las emociones positivas que quieres sentir, empieza a buscar cómo conseguirlas, qué cosas, actividades o personas te ayudan a sentirte así.
  4. No te justifiques. Cada vez que justifiques tus pensamientos o actuaciones, te estás dando vía libre para seguir haciendo lo mismo, puesto que relacionas la causa con tu forma de actuar. Puede que lo que ha ocurrido explique tu dolor, pero eso no es lo mismo que justificar tus acciones.
  5. Decide cómo quieres afrontar la situación a partir de ahora. ¿Cuánto tiempo llevas dándole vueltas al asunto? ¿Cuánto tiempo quieres continuar así? Si quieres continuar así, adelante. Pero recuerda: es tu elección. A todos nos suceden cosas negativas, sufrimos contratiempos, decepciones y traiciones. Cómo afrontarlas es tu decisión.

Piénsalo: ¿Quieres seguir martirizándote (a) o quieres pasar página y vivir tu vida más feliz (b)?

Si eliges a (a), ¡adelante! Eres libre de hacerlo.

Si eliges la (b), prueba a trazarte un plan utilizando esta herramienta.

Cumplimenta la siguiente tabla:

¿QUE TE GUSTA DE TU VIDA ACTUAL Y QUIERES QUE SIGA ESTANDO?   Escribe aquí lo que tienes en tu vida y te hace feliz      QUÉ ELIMINAS A PARTIR DE ESTE MOMENTO. TÚ VAS A SEGUIR SIN ELLO EN TU VIDA.   Escribe aquí, pensar en esa persona o situación. Tu obsesión. Despídete y anota la fecha y la hora en la que abandonas esos pensamientos. Fin. Ciao.  
¿QUÉ EMOCIONES POSITIVAS QUIERES TENER A PARTIR DE AHORA?   Por ejemplo: Felicidad Tranquilidad Paz interior Escribe las que tú quieras  ¿CÓMO PUEDES ACCEDER A ESAS EMOCIONES?   Personas Actividades Música Pensamientos que te proporcionen esas emociones

Como has anotado la fecha del principio de tu camino, empieza a caminar hacia él y ve revisando de vez en cuando tus avances. Paciencia, perseverancia y verás que dentro de un tiempo la situación habrá cambiado y vas a estar mucho mejor por méritos propios.

¡Ánimo!

¿Querer es poder?

Cada vez estamos más rodeados de mensajes que nos dicen constantemente que para conseguir algo solo hay que desearlo mucho, que tu mente es un imán que atrae lo que deseas.

Por otro lado, se escuchan voces escandalizadas que opinan lo contrario, que por mucho que quieras conseguir algo, si las circunstancias no ayudan, no se puede.

El Coaching es una disciplina que consiste en acompañar a los clientes a que consigan sus objetivos. Es una herramienta pragmática, que sigue un método y que, para que sea realmente efectiva, tiene que estar facilitada por una persona preparada para ello. El coach parte de la idea de que sus clientes van a conseguir su objetivo, cree en ellos y vive el camino hacia la meta junto a ellos, proporcionándoles motivación, reconduciéndoles en caso necesario y gestionando su responsabilidad.

¿Qué significa esto? Pues que, efectivamente, las circunstancias no siempre son favorables, pero eso no quiere decir que supongan una excusa o una justificación para hacer algo. Claro que a veces es difícil y tirar la toalla es más fácil y aquí es donde es imprescindible querer algo de verdad para poder conseguirlo. Pero no solo quererlo: también perseverar a pesar de los posibles traspiés.

Querer mucho algo no es suficiente para lograrlo. También tienes que creer que lo puedes conseguir. Si crees que no puedes, difícilmente harás algo para lograrlo. Y por supuesto, es necesario que te responsabilices de los resultados, que hagas lo necesario para conseguirlo y que no bajes los brazos a la primera dificultad.

Por otro lado, si lo que quieres conseguir no depende de ti, puede que te estés desgastando en una lucha inútil que nunca te reporte fruto alguno. Por ejemplo, tú puedes desear con toda tu alma que alguien se enamore de ti, pero por mucho empeño que pongas, es posible que nunca lo consigas. Claro que podrás hacer cosas para que se fije en ti, puedes incluso trazar un plan estratégico para intentarlo, incluso puede que lo consigas, pero solo supone un porcentaje de posibilidades, el resultado no está totalmente bajo tu control. O puedes querer ganar una medalla de oro en un deporte. ¿Depende de ti? No al 100%. Por supuesto, puedes entrenar duro y hacer mucho esfuerzo por conseguirlo, pero puede haber más personas que también lo hagan y que la medalla sea para ellos.

Entonces, ¿querer es poder? No del todo, aunque es un buen comienzo. Cuando verdaderamente quieres algo, haces lo necesario para conseguirlo, es cierto. Pero, además, es necesario que tengas en cuenta algunos aspectos más, para no frustrarte o culpabilizarte por no haber conseguido los resultados necesarios:

  • La consecución del objetivo tiene que depender de ti al 100%
  • Tienes que creer que puedes conseguirlo. Si tienes alguna creencia limitante, es posible que necesites ayuda de un profesional que te ayude a cambiar de perspectiva
  • Asegúrate de que es un objetivo y no un deseo o un sueño. Especifica, ¿qué quieres conseguir exactamente?
  • Es imprescindible que sea algo que quieras para ti que todavía no tengas, expresado en positivo. Dejar atrás algo, deshacerte de algo que tienes en tu vida, no tiene por qué implicar la consecución de algo. Por ejemplo: “No quiero estar triste” no es un objetivo, es algo de lo que te quieres deshacer. “Quiero estar alegre”, sin embargo, sí es un objetivo, puedes definir qué es para ti estar alegre y buscar la forma de estarlo.
  • Cuidado con las justificaciones. Si eres de los que habla de circunstancias o de otros, puede que estés echando balones fuera y eludiendo responsabilidades. Tu vida es tuya, las circunstancias no te obligan, tú eliges. Eres más libre de lo que crees.

¿Y ahora qué piensas? ¿Puedes hacer más cosas de las que crees?

Cómo evitar el sentimiento de culpa

A menudo me encuentro, durante las sesiones de coaching, con personas que lo pasan realmente mal por cosas que no han sucedido o por pensamientos que les castigan por algo que han hecho o dicho.

Cualquier situación en la hablamos o actuamos, puede estar ubicada en nuestros pensamientos en el pasado, el presente o el futuro.

Cuando nos anticipamos, previendo de forma negativa un futuro de algo que no ha ocurrido, se llama preocupación. Estamos pre-ocupándonos de algo que no sabemos cómo va a ser, ni siquiera si se va a dar. A menudo lo hacemos como una forma de obtener seguridad ante la incertidumbre, pero ¿realmente la obtenemos? No. Lo que conseguimos es sufrir sin sentido. Por ejemplo, puedo pensar que ese dolor de rodilla que tengo me va a impedir andar, me pre-ocupo por ello. Ese pensamiento puede arrastrar muchos más y dibujarme un futuro de lo más negro, un futuro inventando, con altas probabilidades de que sea incierto.

Ahora, bien, si me duele la rodilla y creo que eso podría traerme una consecuencia negativa para mi salud, lo que puedo hacer es ocuparme. ¿Es cierto mi dolor en el momento presente? Sí. Entonces, ¿qué puedo hacer? Ir al médico. Con eso me ocupo, y él ya me dirá lo que tengo que hacer.

Puede que decida no ocuparme, y me quede sin hacer nada, pero siga rumiando mi preocupación y llegue un día en que mi rodilla no dé para más, me tengan que llevar de urgencia al hospital y me queden secuelas, por ejemplo, de cojera. Entonces vivo el resto de mi existencia con la culpa de no haber ido al médico en su momento. ¿Para qué me va a servir esa culpa? Para sufrir.

He puesto este ejemplo de la rodilla, pero podéis aplicarlo a cualquier situación en la que os veáis inmersos, también cuando se trata de relaciones humanas. Ante cualquier situación, puedes hacer lo siguiente:

  1. Piensa lo que quieres hacer, en el momento en el que se dé la situación y toma una decisión. Ten claros los beneficios que tiene esa decisión para ti y para qué quieres hacerlo así.

  1. Asume que esa decisión podría tener consecuencias y acéptalas. En el caso de que no fueran las previstas, piensa qué has aprendido de la experiencia y aplica el aprendizaje para la próxima vez.

Con esto no quiero decir que no pensemos en el futuro, que no planifiquemos, o que no sopesemos los pros y los contras de lo que hacemos o decimos. Pero si quieres vivir en paz y con equilibrio emocional, toma conciencia de los pensamientos que te hacen sufrir anticipándote a un futuro que no ha ocurrido, sufriendo por ello, o rumiando algo que ya es pasado y no se puede cambiar.

 

 

 

Tus conflictos internos

Cuando hablamos de conflictos, a menudo nos vienen a la cabeza situaciones problemáticas o de desencuentro con otras personas. Sin embargo, en ocasiones los conflictos residen en nuestro interior: tenemos conflictos con nosotros mismos porque no terminamos de decidir hacia dónde queremos ir, nos dejamos llevar por las opiniones de otros, nos dominan el miedo, las inseguridades, el sentimiento de culpa…

En el post de hoy mi intención es ayudarte a resolver esos pequeños o grandes conflictos internos que pueden llevarte al estancamiento, a no avanzar, a encallarte en una situación no deseada. Para ello, te propongo alguna reflexión que te empuje hacia la salida de esos “pensamientos veneno” que sientes te frenan.

  • Si lees un poco más arriba, he escrito “los pensamientos que sientes que te frenan”. Observa el matiz de las palabras: sientes que te frenan. Sin embargo, los pensamientos no te frenan, tú decides si quieres seguir avanzando o pisar el freno.
  • Si no te sientes bien, cómodo, a gusto, con la situación actual y puede que lleves así ya semanas, meses, e incluso años, ¿no crees que es el momento de que te decidas a actuar? Piensa bien qué te impide actuar. Puede que te respondas que son las circunstancias, los demás, el entorno… ¿Excusas, justificaciones tal vez? Tú decides. Acepta que el error es una posibilidad y actúa.
  • Toma conciencia de tu diálogo interno. A menudo la culpa, las inseguridades, el temor, nos hacen dar credibilidad a ciertos pensamientos de los que ni siquiera somos conscientes a veces. Se llaman creencias limitantes y lo más curioso es que tú las creas y tú las crees. Y como las crees, actúas como si fueran ciertas.

Puede que estés pensando que tú no tienes ese diálogo interno del que te hablo, o que no seas consciente de él.

Aquí va un ejercicio que te ayudará, en primer lugar, a tomar conciencia de tus conversaciones internas y en segundo lugar, a desafiar a esos pensamientos que te limitan. Veámoslo paso a paso:

  1. Ante una situación de conflicto interno, escribe qué te pasa. Si tienes claro que quieres hacer algo y crees que no puedes, contesta a la pregunta: ¿Qué te lo impide? Por escrito, por favor.
  1. Una vez que hayas escrito tus pensamientos, lee con detenimiento tus palabras y pásales los filtros de Sócrates.

Cuentan que en la antigua Grecia, un discípulo se acercó a Sócrates diciendo: “Maestro, le voy a contar algo que me han dicho de un compañero”. Entonces Sócrates le paró y así transcurrió la conversación:

  • Espera un momento, antes de hablar. Lo que me vas a contar, ¿es verdad?
  • Me lo han dicho esta mañana.
  • Sí., te lo han dicho. Pero ¿puedes asegurar que es verdad?
  • No… no puedo asegurarlo.
  • Siguiente pregunta: ¿Me vas a contar algo bueno sobre ese compañero?
  • No… no es bueno.
  • Y por último: ¿es útil?
  • Pues tampoco… no es muy útil.
  • Entonces, no me lo cuentes.

Sócrates nos enseña, de esta forma, que la verdad, la bondad y la utilidad son esenciales en nuestra relación con los demás, pero también con nosotros mismos.

Así que, si quieres resolver tus conflictos internos, ya sabes:

  1. Escribe tus pensamientos.
  2. Observa con detenimiento tus palabras.
  3. Pásales los filtros de Sócrates.
  4. Si no pasa los filtros, escribe otras hasta que sean verdad, o al menos, útiles y buenas para ti.

Balance de fin de año

¿Eres de esas personas que hace balance al finalizar el año?

Tal vez estés en estos momentos más que feliz por los resultados obtenidos: las cosas han salido como esperabas o incluso hayas visto superadas tus expectativas. Si es así, felicidades por dos cosas. En primer lugar, por haberlo conseguido y en segundo lugar, aunque para mí mucho más importante, por haber sido capaz de valorarlo.

A menudo nos dejamos llevar por sensaciones y a final de año es frecuente que esas sensaciones vengan dadas por acontecimientos especialmente impactantes para nosotros (en negativo es posible que te influyan más) o por los más recientes.

¿Cómo haces tu balance? ¿Mediante sensaciones o de forma más objetiva? Ya sabes, todo es relativo, así que si quieres tener una buena sensación de fin de año (a pesar de que haya cosas que no hayan salido como esperabas), te propongo que hagas tu balance a través de esta herramienta:

LO MEJOR DE CADA MES DE 2018

Haz un recorrido por cada mes del año que se va y busca lo mejor. Sí, a veces es difícil, pero siempre hay cosas positivas. Imagínate, por ejemplo, que te dejó tu pareja en marzo y eso para ti fue muy doloroso. Pero echa un vistazo a lo que ocurría a tu alrededor: Seguramente habrás tenido amigos o amigas que te acompañen, o has hecho alguna actividad que no habrías hecho de no ser por eso, has conocido a alguien nuevo, has hecho un viaje, has curtido más tu personalidad… Si no lo encuentras, contesta a la siguiente pregunta: ¿Qué aprendiste de esa experiencia? El aprendizaje siempre es positivo, aunque en el momento duela.

BALANCE POR MESES

¡Pero no solo puedes hacer balance positivo por meses! Puedes hacerlo por personas, actividades, viajes… ¡lo que quieras! Utiliza tu imaginación.

Por ejemplo, por amigos: haz una lista de amigos y apunta qué te ha aportado cada uno de positivo este año. Aunque haya habido algo negativo, puede que lo positivo sea, por ejemplo, que te has atrevido a decir o a hacer algo que hasta ahora no habías hecho con alguno de ellos.

Por compañeros de trabajo.

Por actividades: En el trabajo, en los hobbies…

Por espectáculos vistos.

Por viajes…

¿Y qué tal si ahora lo juntas todo y recopilas tu superbalance positivo del año que se ha ido? Incluso puede que te apetezca añadir alguna foto. Seguro que al finalizar estás muy feliz e incluso te apetece tenerlo a la vista.

Y ahora, a construir el balance del nuevo año con fuerza e ilusión.

¡Feliz 2019!

Pautas para defender tu punto de vista

En ocasiones puede suceder que pienses diferente a la mayoría, o a una persona que desempeña un papel importante en tu vida, que quieras hacer una crítica o manifestar tu punto de vista y no sepas cómo hacerlo o no te atrevas. Puede ser que pienses que da igual, que no era tan importante, pero no defender tus derechos tiene sus consecuencias. Es como un círculo vicioso:

defender tus derechos

 

Para evitar estas consecuencias y conseguir paz interior y bienestar emocional, empieza a defender tus derechos. ¿Cómo? Siguiendo estos pasos:

  1. Vigila tu diálogo interno. ¿Qué te dices sobre la situación? Escríbela y observa cuántas palabras son objetivas y cuántas son subjetivas y suponen un juicio.
  2. Piensa lo que tú quieres y lo que tú opinas sobre la situación y escríbelo. Léelo y contesta a la siguiente persona: ¿Estás en tu derecho de expresarlo? Escríbelo y repítelo en voz alta todas las veces que haga falta hasta que estés plenamente convencido.
  3. Busca la forma de expresarlo, respetando el derecho de los demás a tener su punto de vista.

I love me

 

Para lograr resultados, actúa con paciencia y perseverancia. Trabajar ajas estos pasos a diario hará que crezca tu autoafirmación y cada vez te sientas mejor. ¡Ánimo!

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Aprende a gestionar los conflictos eficazmente

Te proponemos 5 acciones que te ayudarán a resolver conflictos de forma efectiva en cualquier ámbito de tu vida.

conlicto-i-2Lo primero es ESCUCHAR, se trata de poner atención en lo que la otra persona nos dice. Así, entenderemos mejor su punto de vista. Deja de lado tus pensamientos para dejar espacio a las distintas posibilidades que nos puede ofrecer la otra persona.

La escucha activa implica EMPATIZAR. Comprender los pensamientos y sentimientos de la otra persona. No compartir un mismo interés o punto de vista no significa no entenderlo. Para ello, ponte en su lugar, obsérvale, fíjate en su comunicación en conjunto: verbal, no verbal y paraverbal.

PRIORIZA. La prioridad no es tener la razón si no resolver el conflicto. Si eres consciente de ello respetarás el punto de vista del otro y reaccionarás de forma distinta.

MANTÉN LA CALMA. Es posible que no lleguéis a un acuerdo, en ese caso puedes ceder y dar un paso al entendimiento (no significa perder) o actuar de forma agresiva y tomártelo como algo personal. Piensa que el conflicto es algo natural, es imposible estar de acuerdo con todo y con todo el mundo.

Proporciona tu punto de vista de forma ASERTIVA. Se trata de defender tu opinión desde una postura respetuosa y entendiendo que la otra persona está en su derecho de defender la suya. Busca la forma de no herir sus sentimientos hablando siempre desde tu perspectiva. No generalices, no des por hecho que las cosas son como tú las ves o piensas, si no de como tú crees que son.

Saber resolver los conflictos conlleva una mejor gestión de tus emociones y propicia las relaciones exitosas.

Más artículos sobre gestión de emociones aquí: SLCcoaching

2ª edición – Ciclo de Inteligencia Emocional

¿Te quedaste sin plaza en la primera edición? ¿No te encajaban las fechas o no pudiste asistir? Tanto si es así como si estás buscando crecer y desarrollarte personalmente, ¡es el momento! Aprovecha esta oportunidad e inscríbete en esta segunda edición.

Mejora tu autoestima, supérate, adquiere mayor seguridad en ti mismo y deja atrás obstáculos como el miedo, la timidez, la inseguridad o sentimientos de inferioridad.

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¿Por qué es importante conocernos a nosotros mismos? imag_yo_reflexiono-01

Porque así tomamos conciencia de nuestras emociones y de los efectos que producen en nuestra vida, aprendemos las claves para valorarnos de forma adecuada, así como técnicas y herramientas para aumentar la confianza en nosotros mismos.

En los talleres trabajarás el fomento de la autoestima, la autoafirmación, el autoconocimiento y la gestión de las emociones.

También, aprenderás a definir cuáles son los valores más importantes para ti y para tu entorno, detectando posibles desajustes que actualmente están impidieimag_yo_me_acepto-01ndo tu felicidad.

¿Sabías que las personas más felices son aquellas que viven en consonancia con sus valores?

Además, aprenderás a defender tus derechos y a manejar un pensamiento y una actitud positiva, a expresar tus propios pensamientos y sentimientos, a saber decir que no, saber poner límites, hacer y recibir críticas sin entrar en conflicto, pedir cuando necesitemos, ofrecer a los que necesitan, llegar a acuerdos, autoafirmar los propios derechos, entablar conversaciones con desconocidos… Habilidades que no nos enseñan en el colegio, pero que son imprescindibles para establecer y mantener relaciones interpersonales satisfactorias.

Puedes consultar la información completa del Ciclo de Inteligencia Emocional en este enlace.

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES:

Escuela Comunicando

C/ Moncasi, 7

50006 – Zaragoza

976 213 987

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Enfadarse ante las actitudes de los demás

La vida cotidiana pone a prueba el equilibrio emocional cada vez que nos sentimos ofendidos por otra persona. Puede ser alguien del entorno familiar, un jefe o compañero de trabajo, o incluso un desconocido que nos trata de forma que consideramos grosera.

A lo largo del día interactuamos con decenas de personas, lo cual brinda numerosas ocasiones para ofenderse y vivir con amargura. Porque lo peor de todo es que una vez producido el desencuentro, si no se hace nada para olvidarlo, el rencor puede quedar fluctuando por la cabeza durante horas… llegando a turbar incluso el descanso nocturno. En este artículo se va a ver por qué sucede y cómo poder deshacerse de este lastre.

puzzle2El enfado ante las actitudes de los demás es una pura elección. Prueba de ello es que hay personas que no se inmutan por nada, mientras que otras saltan ante cualquier comentario, gesto o mirada que interpreten como hostil. ¿Dónde radica la diferencia entre unas y otras?

El doctor en psicología Martin Lyden opina que las personas susceptibles son aquellas que poseen menos empatía. Todo lo filtran según lo que harían ellas, y cualquier cosa que se salga de su propio código de conducta lo interpretan como un ataque.

Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres”.

Mario Alonso Puig

Así, por ejemplo, a quien contesta los mensajes de su smartphone de inmediato le parecerá una falta de educación que el receptor no reaccione hasta varias horas después. La ofensa se basa en una mera interpretación, ya que el ofendido presupone que su interlocutor no tiene ganas de contestar, cuando tal vez sencillamente esté en una reunión de trabajo donde no puede hacerlo.

Otros motivos de ofensa pueden ser una respuesta demasiado seca por parte de alguien o bien un tono de voz inadecuado, entre muchas posibles razones.

Veamos qué sucede en la mente de alguien con “piel fina” ante una situación que considera de conflicto:

  • El comentario o acción desafortunados despiertan ofensas pasadas, que pueden degenerar en un infierno mental.
  • Merma de la autoestima debido al papel de víctima que asume el ofendido, a partir de la idea de que aquello ha pasado deliberadamente para humillarle.
  •  Deseo de venganza ante el daño recibido, lo que puede derivar en una discusión o en un “silencio castigador” para hacer notar al otro que nos ha herido.
  • Aumento de la ansiedad ante el cóctel de emociones negativas que se van albergando.

Ante la tortura que supone pasar por estos estados mentales, a menudo debido a una menudencia, el doctor Martin Lyden propone un remedio de choque: “El humor implica un replanteamiento de lo que ha sucedido. Reconocer una incongruencia en una situación puede ser humorístico y, por lo tanto, sanador”.

Uno de los grandes aprendizajes de todo ser humano es aceptar que las personas a nuestro alrededor nunca se expresarán como nosotros lo haríamos, ni se comportarán como esperamos, y no pasa nada.

Pensemos en lo que debe sentir la estrella de un equipo de fútbol cuando salta al campo rival en medio de una tormenta de silbidos e insultos. Estos deportistas no pierden la calma y pueden jugar perfectamente concentrados, lo cual demuestra que cualquier persona puede blindarse ante la hostilidad ajena.

Incluso cuando no es una percepción, sino una realidad contrastada por todos, tenemos la oportunidad de endurecer nuestra piel ante el ataque para que no nos afecte.

En una ocasión le preguntaron al Dalai Lama por qué no estaba enfadado con el Gobierno comunista chino, después de haber tenido que exiliarse, entre muchos otros percances. Su respuesta fue: “Si me enojara, entonces no sería capaz de dormir por la noche o de comer mis comidas en paz. Me saldrían úlceras, y mi salud se deterioraría. Mi ira no puede cambiar el pasado o mejorar el futuro, así que ¿para qué serviría?”.

Sin duda, un ejemplo extraordinario de lo que es tener la “piel gruesa”, que presenta las siguientes características:

  • La persona dedica poco tiempo a valorar cualquier posible roce o desaprobación.
  • Se centra en lo inmediato y, muy especialmente, en aquellas cosas y personas que le satisfacen.
  • No interpreta por qué una persona habla o actúa de cierto modo. Se limita a evaluar el hecho, de forma positiva o negativa, sin juzgar.
  • Es capaz de asumir críticas, por si le sirven para mejorar algún aspecto, y de desestimar las opiniones que no le resultan útiles.

Supuestamente basado en la sabiduría de los toltecas, en el best seller Los cuatro acuerdos Miguel Ruiz dedica uno de ellos al lema: “No te tomes nada personalmente”.

Según este autor mexicano, hacerlo es una muestra de egoísmo, ya que parte de que todo gira a nuestro alrededor. En su opinión, además, esta manera de abordar la conducta de los demás es totalmente infundada. En sus propias palabras:

Cada vez que me siento ofendido, trato de levantar el ánimo de
tal forma que la ofensa no logre alcanzarlo”. Descartes

“Nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos. Todos vivimos en nuestra propia mente; los demás están en un mundo completamente distinto de aquel en que vive cada uno de nosotros (…) Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo cuando alguien te insulta directamente, eso no tiene nada que ver contigo. Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los acuerdos que ha establecido en su mente. Su punto de vista surge de toda la programación que recibió durante su domesticación”.

Ruiz entiende por domesticación todos los prejuicios e ideas preconcebidas que vamos acumulando a lo largo de la existencia. Y lo peor que podemos hacer ante una persona que nos ofende —de forma objetiva o no— es defender nuestras creencias, ya que con ello sólo lograremos aumentar y prolongar el conflicto.

“Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida”, afirma Ruiz. “Tu rabia, tus celos y tu envidia desaparecerán, y si no te tomas nada personalmente, incluso tu tristeza desaparecerá (…) Alguien puede enviarte veneno emocional de forma intencionada, pero si no te lo tomas personalmente, no te lo tragarás. Se vuelve más nocivo para el que lo envía, pero no para ti”.

La paz interior empieza cuando eliges no permitir que otra persona o evento controle tus emociones”. Proverbio oriental

Al final, el mundo será tal como se mire, ya que se puede fijar la atención en un amplio espectro de realidades. Cada persona con la que se interacciona es un conjunto de fortalezas y debilidades, es clara en unos aspectos y confusa en otros, acierta o falla en diferentes cuestiones vitales.

Nuestra relación con el mundo dependerá, por lo tanto, de lo que cada cual quiera ver en el prójimo. Nos podemos quedar con sus mejores virtudes o bien sentirnos heridos y decepcionados por aquella parte de los demás que no cumple las expectativas.

Tal como afirma Wayne Dyer: “Si eres objetivo, descubrirás que lo que en realidad te ofende es cómo consideras que deberían comportarse los demás. Sin embargo, por sí mismo, el sentirse ofendido no altera los comportamientos desagradables (…) Tu ego insiste en que tienes derecho a sentirte ofendido. Esos juicios derivan de una idea falsa de que el mundo debería ser como tú eres y no como es”.

Si dejamos de dictar rígidamente lo que los demás deberían sentir, pensar y hacer se pueden evitar muchos enfados y decepciones, y liberar así una energía preciosa para construir relaciones saludables desde la empatía, el humor y la serenidad.

ARTÍCULO DE EL PAÍS SEMANAL