¿Qué es la visualización? Descubre la técnica con la que Michael Phelps hizo historia

Michael Phelps logró lo que ningún otro había logrado en la historia de las olimpíadas: 22 medallas olímpicas (18 de oro). A pesar de las barreras a las cuales se enfrentó y los errores que cometió, se levantó nuevamente para batir un récord histórico.

Esta es la historia del atleta que recurrió a la visualización para conseguir alcanzar el éxito:

Michael Phelps empezó a nadar cuando tenía 7 años para quemar un poco de energía. Un entrenador local llamado Bob Bowman (continúa siendo su entrenador después de 16 años) detectó que Phelps podía llegar lejos. Su cuerpo (largo torso, relativas piernas cortas y manos grandes) estaba diseñado para ser un gran nadador.

Pero Phelps tenía un problema, no se podía calmar antes de las carreras. Era muy nervioso. El entrenador Bowman decidió darle algo que lo haría diferente: su ventaja competitiva. Le enseño el poder de la visualización.

Todos los días, después de su entrenamiento, le decía: “No olvides ver el vídeo esta noche y mañana por la mañana al despertarte”.

No existía tal vídeo. Se refería a que Phelps tenía que visualizar la carrera en su mente. Todas las noches y cada mañana Phelps cerraba sus ojos y se imaginaba saltando a la piscina, en cámara lenta, nadando perfectamente. Él visualizaba cada brazada, la vuelta y el final.

Michael Phelps repitió “su vídeo” miles de veces en su mente hasta llegar al punto de que en las carreras no pensaba. Simplemente seguía un programa. Había sido programado para ganar.

El 13 de Agosto del 2008 a las 10:00, Michael Phelps se lanza a la piscina compitiendo por los 200 metros estilo mariposa, una de sus mayores fortalezas. Al entrar al agua sabe que algo anda mal… Sus gafas se están llenando de agua.

Tras unos minutos, no puede ver nada, no ve la línea a lo largo de la piscina ni la “T” que muestra el final. No sabe cuando dar vuelta o cuando terminar. Una situación que hubiera generado ansiedad y pánico en la mayoría de los nadadores. No a Michael Phelps, él estaba calmado.

Michael simplemente seguía el programa, “el vídeo” mental. Ya había realizado esa carrera muchas veces en su mente y habá ganado. Afortunadamente, su entrenador lo había puesto a nadar a oscuras en múltiples ocasiones. Simplemente siguió el programa.

Michael sabe el número de brazadas que tiene que hacer, cuando dar la vuelta… Está programado para ganar.

Y, efectivamente, ganó la competición y batió el récord mundial… Sin poder ver. Él comenta al terminar la carrera: “Pasó como imaginé que pasaría. Fue una victoria adicional en una vida llena de pequeñas victorias”.

Si funcionó para Michael Phelps, puede funcionar para ti y para todos.

lupaEstos son algunos de los beneficios de la visualización:

  1. La visualización programa tu mente para ganar.
  2. La visualización te da la esperanza de ganar, lo cual se traduce en motivación para la lucha.
  3. La visualización te da enfoque eliminando las distracciones que te rodean.
  4. La visualización te prepara para reaccionar correctamente cuando las cosas no salen como lo planeas.
  5. La visualización desarrolla posibilidades, no obstáculos.
  6. La visualización desarrolla tu creencia, lo cual es clave para ganar.

Imagina en tu mente que ya lo has logrado. Visualiza todo el camino que necesitas recorrer para llegar a tu destino tal como lo hizo Phelps. Puede ser que esto sea lo único que te falta para lograr la medalla de oro que la vida tiene reservada para ti.

ARTÍCULO DE WWW.LIDERAZGOHOY.COM

Anuncios

Septiembre, mes de las listas de buenos propósitos

El perfeccionismo es poco amigo de la felicidad. Buscamos el trabajo, la pareja o el viaje perfecto y, sin embargo, la realidad se encarga de “fastidiar” nuestras maravillosas expectativas. Y esto es especialmente importante ahora, en septiembre, ya que junto a diciembre, es el mes clásico para las listas de los buenos propósitos, la compra de abonos de gimnasio, la búsqueda de nuevos trabajos o de pareja. Pues bien, en todo lo que apuntemos tendremos que gestionar nuestro perfeccionismo para comenzar el otoño con buen pie.

perfeccionismo¿Solución? Una buena alternativa nos la propone Tal Ben-Sharar, profesor de Harvard y quien se define a sí mismo como un ex perfeccionista empedernido. En su libro “La búsqueda de la felicidad” sugiere convertirnos en “optimalistas”, un palabro un tanto extraño que recoge una esencia muy interesante: Más que buscar que las cosas sean perfectas, busquemos una vida óptima con nuestros recursos y limitaciones y con la propia realidad.

¿Cómo haríamos una lista “optimalista” de nuestros deseos para comienzo del año “escolar”? Veamos algunas claves propuestas por Ben-Sharar, aplicadas a nuestro septiembre (y a nuestra vida en general):

Ponte objetivos que te ilusionen

Algunas personas para evitar frustrarse rebajan sus expectativas al máximo, que es una manera de ponerse listones medios para no sufrir. “Para qué voy a buscar otro trabajo si todos son malos”, “No me planteo ni tan siquiera ir al gimnasio, porque, total, lo voy a dejar”, “O más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Pero este remedio se convierte en un problema, porque más que aceptar la realidad lo que hacemos es resignarnos a ella y damos la bienvenida a la frustración.

La resignación es la enemiga del entusiasmo y por tanto, de la felicidad, que es lo que todos anhelamos. Por ello, dibuja objetivos que te hagan vibrar. No seas tacaño contigo mismo… La vida ya nos “ayudará” a ajustarnos.

Disfruta del camino y no solo con la meta

El perfeccionista se caracteriza por disfrutar solo y exclusivamente de la meta que consigue. Si me he propuesto perder esos kilos que he ganado con las tapitas del verano, no contemplo ninguna satisfacción en el deporte que necesito hacer. Sin embargo, las metas del “optimalista” son igual de ambiciosas, pero incluye también las del propio proceso. Es posible que esa actitud del perfeccionista sea porque su mentalidad es de todo o nada: O pierdo kilos o no vale para nada. No hay zonas grises… Fíjate qué cantidad de cosas perdemos por el camino. Así pues, plantéate el objetivo y el proceso como un reto en sí mismo.

Acepta los contratiempos… Son parte del juego

Uno de los motivos de frustración más importante es no aceptar la realidad tal y como es. Creemos que las cosas son como aparecen en las películas de Hollywood que suelen terminar con final feliz, pero que obvian la cotidianidad del día después (momento “desorden en la habitación”, esa segunda presentación al cliente que no sale bien…). La vida está llena de contrariedades pero la actitud perfeccionista entra en cortocircuito con ella. Es entonces, cuando surge la rabia, la tremenda autocrítica porque uno piensa que ha fallado algo en su planificación. En el fondo es porque tenemos un concepto platónico de las cosas. Creemos que hay un ideal, algo que podemos alcanzar con esfuerzo y dureza… Pero me temo que aquí nos topamos con un “fallo del sistema”. Tenemos que aceptar que aunque seamos muy, muy felices en septiembre, habrá momentos tristes o contratiempos que no nos esperemos. Pero ahí reside la magia del entusiasmo: no consiste en que todo sea de color de rosa, sino en saber renacer cuando nos topamos con un obstáculo. Por ello, no te rindas fácilmente.

“La idea de que se puede disfrutar de un éxito ilimitado o vivir sin dolor emocional ni fracaso puede convertirse en un ideal inspirador, pero no es un principio sobre la base del cual se pueda vivir la vida, ya que, a la larga, producirá insatisfacción e infelicidad”

Tal Ben-Sharar, profesor de Harvard

Incluye también los aprendizajes en tu listado (y no solo los éxitos)

Y llegamos al ogro más temido para los que tenemos actitudes perfeccionistas: el fracaso. Pues sí: aceptémoslo. Puede que algunas de las cosas que nos plantearemos en nuestros buenos deseos de septiembre no lo lograremos tal cual lo imaginamos a priori. El problema del escozor del fracaso es que no lo aprovechamos como aprendizaje. Lo negamos, lo escondemos, culpamos a otros, pero no asumimos la responsabilidad de los que nos ocurre (hablaremos sobre ello con más detalle en otro artículo). Por ello, si pasado un tiempo revisamos los objetivos que hemos definido, incluyamos también los aprendizajes ganados. “No me he quitado los kilos, pero he conocido otras personas”. “No he conseguido ese trabajo, pero me he dado cuenta donde me equivoco cuando hago entrevistas”. Además, quién sabe dónde está la buena suerte…

En definitiva, septiembre es un mes idóneo para emprender nuevos proyectos con entusiasmo. Ahora bien, es recomendable sustituir la actitud perfeccionista por la “optimalista”, para disfrutar del camino, aprender de nuestros errores y aceptar los contratiempos que puedan surgirnos. En otras palabras, para ser más felices.

ARTÍCULO DE PILAR JERICÓ – EL PAÍS SEMANAL