Cómo convertir propósitos en objetivos

En esta época del año, la mayoría de las personas pensamos en los propósitos para el año nuevo. Pero al finalizar el año, en algunas ocasiones esos propósitos se han hecho realidad y en muchas otras no. ¿Qué ha pasado? Sencillamente, que para un propósito se cumpla, tenemos que convertirlo en objetivo.

Pero, ¿cuál es la diferencia? La vais a ver clara en esta pequeña tabla:

PROPÓSITO

OBJETIVO

Es una intención poco precisa Identifica un fin, una meta
No implica acción Implica acción: pasos hacia esa meta
Es el deseo de conseguir algo Es la orientación al logro de algo
Inacción por estar soñando o analizando Movilización de los recursos posibles
Desear alcanzar una meta Alcanzar una meta
Deseo, sueño, “ojalá” Tomar las riendas, hacer para que suceda

Si quieres que se cumplan tus propósitos de año nuevo, empieza por convertirlos en objetivos. Puedes utilizar esta misma tabla contestando a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué tiene que ocurrir, diferente a lo que ha ocurrido hasta ahora, para que consigas tu objetivo?
  • ¿Cuándo quieres tenerlo conseguido?
  • ¿Qué has hecho hasta ahora para conseguirlo?
  • ¿Qué estás dispuesto a hacer para lograrlo?
  • ¿En qué medida depende de ti? Es importante que el objetivo esté bajo tu control.
  • ¿Qué recursos necesitas para alcanzar ese objetivo?
  • ¿Cuáles de ellos tienes ya?
  • ¿Dónde puedes encontrar los que no tienes todavía?
  • ¿Cuál va a ser tu primer paso?

result

Si empiezas contestando a estas preguntas, es muy probable que algo se mueva dentro de ti y empieces a dar tus primeros pasos para alcanzar tu meta. Puede ocurrir que de repente te asalten dudas o haya algo que creas que no vas a poder conseguir, que algo te lo impide o supone un freno para ti. Se llaman creencias limitantes. Para alcanzar nuestras metas no basta con especificarlas y empezar a caminar hacia ellas: tenemos que estar firmemente convencidos de que las podemos conseguir. Cuando no es así, es el momento de pedir ayuda a un profesional. Un coach bien preparado y certificado, con la experiencia y credenciales adecuadas, tiene muchas herramientas para poder acompañarte en la consecución de tus metas. Si quieres saber más, puedes entrar aquí: www.escuelacomunicando.com/coaching/

Anuncios

¿CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE HICISTE ALGO POR PRIMERA VEZ?

Zona_confort

Hoy es un día de esos que me da por reflexionar. Creo que todos tenemos de esos días, es una lástima que no compartamos siempre esas reflexiones internas… En fin, hoy me he hecho esta pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que hice algo por primera vez? Después de hacer un repaso mental de mis últimos 12 meses, me he dado cuenta de que necesito algo nuevo… Necesito salir de mi zona de confort.

Habrás oído hablar en numerosas ocasiones de nuestra zona de confort, es ese lugar en el que nos sentimos como en casa, todo es conocido para nosotros y nos da seguridad. Puede que ya estés bien en ese lugar y no sientas la necesidad de experimentar cosas nuevas, de aumentar tu aprendizaje y de ampliar esa zona de confort. ¡No es mi caso! Si eres inconformista y lo que quieres es un cambio, te propongo un primer ejercicio que te ayudará a tomar la decisión.

Analiza tu situación actual. Con esto me refiero a reflexionar sobre tu estado actual en todos los ámbitos de tu vida: familia, amigos, salud, ocio, desarrollo personal, pareja, etc. Para un mayor análisis, piensa cuál es tu nivel de satisfacción en cada uno de ellos. Ponle una puntuación del 0-10, siendo 0 nada satisfecho y 10 totalmente satisfecho. Una vez hecho este análisis, ¿Por cuál quieres empezar? No necesariamente tenemos que empezar por el que tiene la puntuación más baja, piensa por cuál te apetece más.

Esta primera reflexión te ayudará a tomar conciencia de tu situación actual en todo los aspectos de tu vida, y a decidir en qué ámbito deseas se produzca un cambio.

No es una invención, es coaching: es un proceso para pasar de tu “estado actual” a tu “estado deseado”.

Tania Ruiz

 

Gratitud, punto de partida para la felicidad

gracias

Muchas de las teorías que hacen referencia a la felicidad, o más bien a ese punto que todos queremos alcanzar y no sabemos muy bien cómo definir y que llamamos felicidad, acaban por vincularla directamente con el concepto de gratitud. Pero en realidad, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?

David Steindl-Rast, monje benedictino autor del exitoso ‘Gratefulness’,  lo tiene muy claro: Primero, el agradecimiento. Si somos agradecidos podremos alcanzar la felicidad, y nunca al contrario, es decir, las personas agradecidas no lo son por el hecho de ser felices, sino que son felices por el hecho de ser agradecidas. David lo cuenta en TED con ese tono sosegado que otorga la tranquilidad absoluta de no necesitar mucho de la vida, de recibir cada pequeña cosa, cada instante, como un regalo, y que al escucharle me hizo recordar un bonito hecho que un amigo me contó sobre su abuela:

Con 91 años, había sido trasladada a planta de un hospital tras sufrir una caída que le mantuvo varios días en ese hilo inapreciable que a veces separa la vida de la muerte. Había recuperado la consciencia, y lo primero que necesitó en ese tiempo extra que le concedió la vida fue dar las gracias.  Consiguió que su familia se las arreglara para publicar en la sección de cartas al director de un diario estas palabras que les dictó, y que quiso titular con un escueto y directo ‘¡Gracias!’:

Escribo esta carta desde el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, que se ha convertido en las últimas semanas en mi improvisado hotel en el que permanezco desde que tuve la mala suerte de sufrir una caída en mi casa.

Pero siempre hay buena suerte dentro de la mala, y en mi caso la buena, sin duda, ha sido venir a parar aquí. He pasado por una delicada operación en la que me extirparon el bazo. Tengo 91 años y sé que este tipo de situaciones no son fáciles para nadie, y menos para una persona de mi edad. Mi paso por la UCI lo recuerdo algo borroso, incluso mezclado con tintes oníricos.  Ahora, más tranquila en la octava planta, en Geriatría, sé que se trataba de ese momento en el que decidimos entre irnos o quedarnos, y yo decidí quedarme.
Y lo hice gracias a la ayuda de todos y cada uno de los trabajadores que aquí se dejan el alma cada día para cuidar a los demás. Son cuidados intensivos, doy fe.

Es por ello por lo que quería escribir estas líneas. Única y exclusivamente para agradecer todo lo que médicos, enfermeras, enfermeros, y demás trabajadores de este lugar hacen por todos los pacientes como yo. Porque a pesar del horrible puré que dan aquí, las bromas, la sonrisa y la paciencia de todos los cuidadores no se puede dejar de agradecer. Y eso quería hacer yo.
¡Muchas gracias! 
Feliciana Sánchez

Resulta sorprendente que precisamente su nombre fuera Feliciana, pero no deja de ser una curiosa coincidencia. Lo cierto es que se trataba de una mujer viva, alegre, viajera y con ganas de vivir cada instante… con ganas de agradecer cada momento extra que la vida le otorgaba. Porque según Steindl-Rast, a pesar de que “no todos los momentos son agradables o dignos de ser agradecidos, sí podemos encontrar siempre el momento de agradecer”.

La carta provocó un gran revuelo los días posteriores entre los trabajadores del centro, y el doctor que la atendía llegó a asegurar que en sus 30 años de profesión nadie le había dado las gracias, y menos de ese modo.

Entonces, si la conexión gratitud-felicidad es tan clara ¿Por qué vivimos tan apartados del camino? ¿Es posible que una persona que trabaja para salvar vidas nunca haya recibido unas palabras de agradecimiento en tanto tiempo? Es sin duda terrible cómo hemos perdido la costumbre de dar las gracias, de agradecer a los demás, o a la propia vida todo lo que nos rodea y olvidamos… Por no agradecer, ya ni siquiera las máquinas se acuerdan de decir el famoso: “Su tabaco, gracias”.

Buceando en esta conexión, la profesora de Harvard Francesca Gino realizó un experimento con 57 jóvenes a los que se les respondía a una carta de recomendación de dos maneras. A una parte de ellos se les incluía un “he recibido tu carta de recomendación”, mientras que a un segundo grupo añadieron al final un “muy agradecida, muchas gracias”. Las personas que recibieron el segundo mensaje sintieron unos niveles mayores de autoestima y, en una segunda fase del experimento, fueron mucho más propensos a echar una mano a otra persona que les pedía ayuda que los receptores del primer mensaje.

Por lo tanto la gratitud es contagiosa y nos hace sentir bien, pero gratitud no es solo dar las gracias cuando recibimos algo, va mucho más allá. Como dijo el presidente de EEUU John F. Kennedy, “cuando expresamos nuestra gratitud nunca debemos olvidar que el reconocimiento más grande no está en pronunciar las palabras, sino en vivirlas”.

Ser agradecido es una forma de vida, una manera de valorar cada momento, por muy cotidiano que nos parezca, como si fuera nuestro cumpleaños cada segundo. Así lo sentía David en África cada vez que el grifo de agua potable o la luz funcionaban, como un regalo inesperado. A su regreso al ‘primer mundo’, este monje creó un método de encontrar la felicidad a través de tres premisas: ‘Para, Mira, Sigue’. Es decir, utiliza tus propias señales de ‘Stop’ de vez en cuando para reflexionar, abre tus sentidos para observar la riqueza no material que nos rodea y sigue hacia delante con ganas de disfrutar y poder dar las gracias por ello.

También los psicólogos Emmons y McCollough, además de concluir que la gratitud también tiene efectos en el bienestar físico y emocional de las personas, crearon su método para expresarlas, en base a cuatro trucos como: escribir notas personales como recordatorio, a través de la comparación con gente con problemas graves, dando simplemente las gracias o controlando los pensamientos positivos.

ARTÍCULO DE PILAR JERICÓ – LABORATORIO DE LA FELICIDAD (EL PAÍS)

El Coaching en la empresa

Cada día más, la palabra coaching, y en concreto el coaching en la empresa, es algo que se va incorporando a nuestro lenguaje cotidiano, si bien el significado de este concepto empieza a desvirtuarse precisamente por esa generalización que se ha producido en los últimos tiempos.
El coaching en la empresa o coaching ejecutivo es el proceso de acompañamiento que se da entre un coach (profesional que ejerce el coaching) y un coachee (persona que participa en un proceso de coaching para mejorar o cambiar algo en su ámbito profesional).
El coaching de empresa es por tanto un compromiso entre coach y coachee, mediante el cual el coach acompaña al coachee para que éste alcance su objetivo, y lógicamente ha de ser un objetivo que al coachee le sea difícil lograr por sí mismo; en definitiva, en un proceso de coaching, ambas partes, coach y coachee asumen un compromiso para que este último logre resultados extraordinarios en la esfera profesional del coachee.

El coaching parte de la premisa de que todas las personas tienen un potencial casi ilimitado para mejorar y alcanzar esos resultados extraordinarios, que la persona está completa, y el papel del coach es ayudar a que afloren las soluciones idóneas para el coachee, en un proceso en el que el coach hace preguntas relevantes y es el coachee quien debe encontrar sus propias respuestas. Una de las fuentes del coaching es la mayéutica de Sócrates, en el sentido de “sacar a la luz”, de manera que la persona alcance el conocimiento a través de sus propias conclusiones, con su capacidad.

¿Cómo se desarrolla un proceso de coaching?

Un proceso de coaching se inicia con una declaración de confidencialidad por parte del coach, imprescindible para la generación de confianza que debe presidir todo proceso de coaching. A partir del momento en que las condiciones en que se llevarán a cabo las sesiones de coaching están claras, el coach ayuda al coachee a definir su objetivo de la forma más clara posible, indagando y realizando todas las preguntas pertinentes para que este objetivo quede perfectamente definido.
El resto del proceso de coaching en la empresa se desarrolla en un número variable de sesiones (puede ser entre 6 y 10, en función del tipo de objetivo a alcanzar), en las que la herramienta principal del coach es la escucha, sin juicios, para comprender desde qué observador está viviendo el coachee el reto que quiere lograr, y acompañarle para que “saque a la luz” sus propias soluciones para alcanzar ese reto.

El coach ayuda al coachee a fundamentar sus juicios y distinguir estos de los hechos, con preguntas abiertas y tratando de identificar las creencias limitantes del coachee, es decir, aquellas creencias que le impiden emprender acciones cuyo resultado podría ayudarle a conseguir su objetivo (por ejemplo, si el coachee tiene la creencia limitante de que es incapaz de aprender inglés, y esta competencia es necesaria para lograr el puesto de trabajo que le ilusiona, difícilmente emprenderá acciones que le permitan alcanzar ese puesto).

En el proceso de coaching, por tanto, el coach acompaña al coachee para que este busque respuestas y acciones diferentes, cuestionando sus creencias limitantes, y llevándole a la visión de la situación ideal, para, desde esa visión ideal, reconstruir los pasos necesarios para llegar a ella. Le ayuda a encontrar nuevas opciones que antes no había considerado, ampliando su forma de observar las cosas.

La herramienta fundamental del coach es  la conversación,  basada como decíamos en la escucha, las preguntas poderosas y las distinciones (conceptos que tienen significados diferentes en función del observador que somos. alto nivel de auto exigencia, un error es un fracaso, en tanto que para otra puede ser una oportunidad para aprender).

ARTÍCULO DE REMICAEMPLEO.ES

Decidir con claridad

A lo largo del día tomamos muchas decisiones. Algunas le incumben sólo a uno, son pequeñas y no tienen aparentemente mucha trascendencia. Por ejemplo, qué camisa me voy a poner. Hay decisiones que influyen o repercuten en los demás e implican una responsabilidad personal e incluso colectiva. Es lo que ocurre cuando alguien conduce de forma temeraria, ensucia lugares públicos o invierte en un banco que financia armas. Otras cambian el rumbo de nuestra vida, como sucede en caso de separación o cambio de lugar donde se vive. Con cada decisión que se ejerce, se va creando la realidad de cada uno y ese paso puede variar el destino de una persona.

Por ejemplo, se resbaló y se torció el pie porque mientras caminaba su mente estaba en otro sitio y andaba distraído. Además, ese día había optado por las sandalias y no los zapatos que protegían mejor sus pies. Una pequeña decisión puede tener grandes repercusiones.

Desarrollar la habilidad de tomar resoluciones claras y efectivas es crucial. Éstas influyen en el presente y contribuyen a crear el futuro. Se necesita claridad para discernir, luz para decidir, voluntad y determinación para poner en práctica las resoluciones.

“El discernimiento tiene más que ver con preguntas que con respuestas”. Mariana Caplan

¿Cómo lograr tomar decisiones coherentes, inteligentes, equilibradas y apropiadas? El discernimiento es la guía. ¿Qué es lo que más conviene? ¿Qué es lo que crea un mayor bienestar? ¿Qué es lo más adecuado en esta situación y para esta o estas personas? ¿Qué es lo justo? ¿Qué es lo ético? ¿Qué implicará menos desgaste y ofrecerá mejores resultados? ¿Qué precio habrá que pagar por ciertas decisiones? ¿Nos acercará a nuestro propósito o ideal?

Discernir es una facultad que todos tenemos y no siempre se utiliza con sabiduría. Cuando nos dejamos llevar por la rutina de los hábitos, se actúa mecánicamente sin ser conscientes del impacto de las decisiones. Luego uno se ve atrapado por los resultados que esta actitud provoca.

Hay momentos en los que la claridad se reduce y la confusión aumenta. No se discierne bien cuando la actividad mental nos mantiene ocupados con pensamientos negativos, inútiles y que debilitan. En esos momentos se ha desconectado del poder interior de cada uno y se está más expuesto a ser vulnerables a las influencias externas. Entonces cuesta encontrar las soluciones adecuadas que liberen de las presiones y de los obstáculos.

Es bueno no precipitarse y saber esperar a que se disuelvan las nubes. Entre los hábitos y el parloteo mental es fácil dejarse llevar por los impulsos. Es preferible fortalecer la voluntad para no ser una marioneta de los impulsos, hábitos, ni los deseos compulsivos.

Para lograrlo, cada día puede proponerse realizar algo o concentrarse durante un rato meditando o caminando. Observe cómo usted mismo boicotea su propósito, pero aun así ejercite su voluntad: haga lo que se ha propuesto. Por ejemplo, ¿cuán a menudo consume información cada día?, ¿cuántos minutos por hora?, ¿por qué consume información con tanta frecuencia?, ¿qué porcentaje de la información le nutre y cuánta es una pérdida de tiempo y de energía? Ejercite su voluntad: “Esta semana sólo miraré el correo electrónico, las noticias y webs dos veces al día”, y decida cómo va a reemplazar ese tiempo con su creatividad. O bien, “a tal hora cada día de esta semana voy a desconectar el teléfono durante 15 minutos y voy a relajarme y a pensar en algo inspirador que me conecte con lo que me da vida”. Pensar en algo que le revitalice, que le recuerde lo que es esencial y tiene sentido para usted. Elija una acción que implique desarrollar su voluntad.

interroganteLa primera voluntad para practicar es sobre los hábitos mentales. ¿Quiere realmente dejar de pensar en esa persona, situación o dilema que ocupa su mente, le distrae y le entretiene? Si es así normalmente se enfrentará a una doble situación: por un lado querrá liberarse de esa garra para obtener mayor claridad mental, pero por otro su mente está habituada y casi adicta a ese modo de discernir. Propóngase centrarse en otra cosa cada vez que su cerebro le dirija a ese pensamiento que le ocupa tanto espacio.

Resulta útil reconocer que cada uno es el creador de lo que ocurre en su mente. Cuando se dispara, hay que detenerse a respirar hondo, a observar lo que está pensando y a preguntarse ¿quiero seguir haciéndolo? No. Entonces, ¿qué quiero?, ¿qué es lo apropiado? Deje espacio de calma, respire conscientemente hasta que se vaya creando silencio interior y deje espacio para que aparezca la voluntad que actúa como freno a esa actividad mental que es innecesaria.

Esta práctica es tan sencilla que parece que no puede funcionar. Pero pruébelo y vaya tomando las riendas de su mente, parando, respirando, observando y con paciencia dejando que surja el silencio. A medida que se disuelven los pensamientos instantáneos se crea claridad, surgen otros que estimulan la creatividad y la apertura y, con paciencia, llega la intuición y la voluntad. En definitiva, lo que es apropiado en cada momento y situación, y la voluntad para aplicar las decisiones.

Seguir la intuición es conectar con la brújula interna que ayuda a mantener el rumbo. Es una voz interior que en ciertos momentos susurra para ayudarnos a decidir. La sabiduría de nuestra intuición nos ofrece una verdadera guía. Sin embargo, debido a la programación que a menudo se lleva grabada parece necesario analizar, intelectualizar, procesar, buscar razones, dar vueltas al asunto que se tenga entre manos, todo porque impera la creencia de que cualquier problema que aparezca requiere de mucho pensamiento racional para solucionarlo. Así se utiliza mucha energía mental y la consecuencia es que nos perdemos dando demasiadas vueltas a las cosas y negando el acceso a la sabiduría interna, que se manifiesta en la intuición.

“La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo”. Albert Einstein

Aunque para decidir con claridad es bueno tener los fundamentos sobre los que se basará la decisión, no siempre es útil pensar demasiado, más bien nubla la visión y roba fuerza de voluntad para aplicar la resolución. Después de tanto pensar, a veces se está confundido, cansado y no quedan fuerzas para hacer lo que se quería. A no ser que uno se dé cuenta y lo comprenda, su atención está continuamente distraída por la conversación mental y es incapaz de escuchar y percibir los sentimientos de la intuición.

Entrar en un espacio de silencio facilita atender a la voz interior, la más íntima, la que brota del fondo del ser. Crear espacios de tranquilidad permite escuchar lo que realmente se quiere. Una vez se alcanza esta situación, se ve claro que se debe fortalecer la mente para que no distraiga de los propósitos que se persiguen, para que sea nuestra aliada y no provoque un efecto de boicot.

De lo contrario aparecen las excusas, surge esa barrera que nos limita por obra y gracia de nuestra propia mente. Se propone uno ir al gimnasio, adelgazar o realizar un viaje: tener una conversación pendiente y compartir lo que se siente, pero se va posponiendo y, por unas causas u otras, se acaba por no ponerse manos a la obra. También suele hablar la voz del crítico interior que juzga cada pensamiento e idea que brota en nosotros. Es perfeccionista, quiere que no haya equivocaciones. El resultado: se deja para otro momento o provoca parálisis. El saboteador nos hace desistir y bloquea la creatividad. Una voz inspira a actuar y otra lleva a no hacerlo. ¿A cuál es preferible escuchar y seguir?

Para que su mente sea aliada y cómplice en sus propósitos es necesario prestar atención para percibir y poder discernir sin dejarse llevar por estas voces boicoteadoras. El cerebro se fortalece con pensamientos saludables y positivos, que estimulen su valentía, alegría y paz interior; pensamientos que beneficien y sean amorosos, que estimulen la creatividad y la apertura.

“El primer paso es el paso de la percepción clara. Percibir lo que está pensando… tal cual es”. Jiddu Krishnamurti

flechaUna reflexión de calidad está basada en una motivación sana y constructiva. Es como una flecha: tiene la fuerza concentrada. En ese momento, en esa situación, lo que piense surge de sentir y discernir con la luz de su sabiduría. Crea y confíe en ella. Practique la consciencia plena para decidir con lucidez. Supere así a su saboteador y sea el director de su orquestra interior. Venciendo los temores que le frenan y desbloqueando su energía creativa surge la concentración en el pensamiento y la determinación en la acción.

ARTÍCULO DE EL PAÍS SEMANAL

Alguien dijo que no podía hacerse

Alguien dijo que no podía hacerse, pero él respondió, con una sonrisa, que tal vez fuera verdad, pero al menos quería intentarlo.

Alguien se burló: “Bah, nunca lo conseguirás, nadie ha sido capaz de hacerlo”. Pero él se quitó el abrigo y el sombrero y se puso manos a la obra.

Son muchos los que te dicen: “No puede hacerse”. Muchos los que te auguran el fracaso. Muchos los que señalan, uno a uno, los peligros que te acechan.

Toma aire, sonríe, quítate el abrigo e intenta hacerlo, tan solo céntrate en hacer lo que no puede hacerse, y lo harás.